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La conjuntivitis es la inflamación de la
membrana que cubre el interior de los párpados y parte del globo
ocular (conjuntiva).
La conjuntiva está expuesta a múltiples irritantes y
gérmenes. Las lágrimas sirven para proteger la conjuntiva
diluyendo estos agentes y eliminándolos, aunque en ocasiones no
son suficientes para realizar esta función, y es entonces
cuando se produce la inflamación.
La causa más frecuente de conjuntivitis es la infección
por un virus. Las conjuntivitis víricas suelen ser muy molestas
y contagiosas. Otras formas de conjuntivitis pueden estar producidas
por bacterias, hongos, alergias, exposición a productos químicos
(como el cloro), irritativas (por un cuerpo extraño que ha entrado
en el ojo), etc. Signos y síntomas
El primer síntoma de una conjuntivitis es la sensación de
molestias oculares, que se presentan de forma diversa en cada
paciente (arenilla, escozor, cuerpo extraño, quemazón, notarse
el ojo, etc...). A continuación se produce una inflamación de
la conjuntiva que se manifiesta como una coloración rojiza del
ojo.
Al cabo de unas horas del inicio de los síntomas aparece una secreción mucosa y pegadiza que se conoce comúnmente como legañas. Esta secreción es diferente según la causa de la conjuntivitis (verde-amarillenta en la bacteriana, acuosa en la vírica, mucosa en la alérgica), y no debe ser confundida con los pequeños acúmulos mucosos que aparecen al despertar, debidos a la evaporación de la lágrima retenida en el canto interno durante la noche. Otros signos clínicos que pueden aparecer en las conjuntivitis:
La duración aproximada de una conjuntivitis bacteriana es de
pocos días, pero si la causa es vírica, puede extenderse hasta
un par de semanas.
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